En estos tiempos tan especiales en Venezuela, una de las herramientas que más me ha funcionado es el crear proyectos propios y ajenos, con la idea de tener una burbuja particular donde respirar de tanta cosa que pasa en la vida de uno aquí.
Así que entre tanta cosa que pasa, decidí que lo importante eran las cosas que pasan en mi vida. Suena tonto, pero quien viva en Venezuela sabe lo dificil que es mantenerse dentro de una línea de pensamiento personal. Este es un país donde es contraindicado leer un periódico o ver un noticiero, porque te dan unas ganas locas de irte a vivir a Basilea!
En días pasados fui a desayunar donde mi mamá y solté la perla de "quiero hacer radio".
Soy locutora desde que tengo 18 años, la cosa es que no lo ejercí por mucho tiempo, y no lo hice, porque me dediqué a hacer comerciales de televisión a esa edad, luego fotografías y dejé de lado ese sueño de ser locutora. Ese mismo día que dije "quiero hacer radio", me entrevisté en una emisora de radio en Guatire, Edo. Miranda. Y a la semana siguiente ya estaba en entrenamiento para salir al aire el lunes 17 de octubre.
Estoy al aire en la radio desde el lunes 17 de octubre y ha sido una ¡maravillosa experiencia! No puedo describirles la emoción que me da y apenas comienzo mi cuarta semana!
Muchos de mis amigos más cercanos sabían de mi deseo de hacer radio desde hace tiempo, la cosa es que no lo había decidido con tanta determinación.
El programa se llama "El Hombrillo" y sale en el mejor horario de la zona: desde las 6 hasta las 9 de la mañana! Son tres horas de pura diversión y se siente esa interacción inmediata, la gente llama al programa y es una gozadera! ¡Me he gozado hasta las metidas de pata!
Damos desde el reporte del tráfico, pasando por llevar mensajes positivos y noticias de las cosas buenas que pasan en mi país, porque sí pasan cosas buenas.
Hemos entrevistado a Maickel Melamed, quien justo hoy, está corriendo el maratón de Nueva York y del cual nos sentimos infinitamente orgullosos los venezolanos, también a Lourdes Valera y a Rosario Prieto, importantes actrices del país, a Mirelis Morales con toda esa información que tiene de una mejor ciudad.
Hicimos un programa excelente con María Consuelo Monzant representante de la ONG Senos Ayuda, quienes luchan contra el cáncer de mama. En pocas palabras, resaltamos a la gente que está haciendo cosas buenas como Vida Gaviria con su twitter de @modomama que enseña sobre la crianza respetuosa de los niños y un montón de personas que tienen algo bueno que decir.
He estado en esto y por supuesto, sigo con mi pasión que es hacer fotografías! Hice unas que ya van a estar a la vista del público y estoy segura que darán de qué hablar!
Estoy agradecida y contenta de este nuevo reto. Estoy agradecida y feliz con mi familia y amigos, que me apoyan en cada aventura en la cual me meto.
La pueden sintonizar en el dial 98.7 FM los que viven en el Edo Miranda, desde Higuerote hasta Los Teques, incluyendo los Valles del Tuy, pero en Caracas, sale escucharla por Internet a través de www.platinum.com.ve desde cualquier lugar del mundo y hasta pueden vernos
en la cabina, ya que al entrar en la página van a programación y nos
ven vía livestream.
Lo que uno en la vida necesita, es saber y creer que todo lo que uno quiere, lo puede lograr, o como dice Maickel Melamed "Nada es tan grande como para no intentarlo".
Cuando era pequeña mi escondite favorito fue inventar un alfabeto para escribir libremente.
domingo, 6 de noviembre de 2011
jueves, 22 de septiembre de 2011
¡No fueron los temblores lo que más me impactó en San Salvador!
El proyecto es una belleza. Estoy emocionada porque me toca viajar para Costa Rica, Guatemala y El Salvador
Mi primera reunión para el proyecto ya la había realizado en Caracas. La segunda reunión es en Costa Rica con el grupo de Coca Cola, liderado por un señor encantador llamado P.K. de la India. Trabajo muchísimo los dos primeros días, para tener libre el tercero, porque tengo unas ganas inmensas de conocer el Volcán de Poás que tiene un cráter como de dos kilómetros de diámetro y es de un color turquesa ¡increible!
Subo por unas escaleras infinitas, bordeadas por unas plantas con hojas que miden metro y medio o más, me acompañan mariposas amarillas durante todo el trayecto. Ignoro si las mariposas están ahí por épocas o porque tengo la compañía de Mauricio Babilonia conmigo ese día. Es un día especial donde veo cosas por primera vez en la vida y sé que no lo voy a olvidar jamás.
De allí, vuelo a Guatemala. Me quedo un día y no me da chance de conocer casi nada de la ciudad, excepto que en el restaurant del Hotel Camino Real, había una enorme Marimba, un instrumento que puede parecerse a un xilófono, y digo puede, porque es diferente. Es de madera y está conformado por una especie de taparas alargadas que van de mayor a menor. Quedo fascinada con su diseño. No conozco mucho más, será hasta que regrese en otra oportunidad.
Al día siguiente, vuelo hacia El Salvador. Ya en Costa Rica y Guatemala me habían hablado de que iba a conocer el Valle de las Hamacas. Le dicen así porque hay muchos temblores. De hecho, lo puedo comprobar en una de las tantas reuniones a las cuales asisto. Tiembla más de una vez y yo en estado de alarma absoluta, con ganas de salir corriendo del edificio, y todo el mundo en la reunión me dice: tranquila, eso es normal. Normal para ustedes, esa tembladera ¡no va conmigo! pero nadie se mueve de su asiento y tuve que seguir la reunión con el vaiven que me quedó en el cuerpo.
Sabía de la historia de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado en San Salvador dando su misa y fue la inspiración para la canción "El padre Antonio y su monaguillo Andrés" de Ruben Blades. Quiero ir a la capilla del hospital donde lo mataron, no a la catedral donde reposan sus restos. No puedo ir a ninguno de los dos lugares por falta de tiempo.
Tengo mucha expectativa en conocer la ciudad que apenas un año antes había finalizado una larga e inclemente guerra civil. Los cuentos sobre la guerra son de espanto. Ya tendría ocasión de preguntarle a los amigos que me recibirían en ese hermoso y verde país.
Con tantas cosas por querer conocer, nadie me preparó para la experiencia que vivo al llegar.
El aeropuerto queda como a unos veinte-treinta minutos de la ciudad. Me monto en el transporte que me mandan de la compañía, meto mi maleta y comenzamos el viaje por una carretera nacional, cuando de pronto veo un kiosco que dice Pupucerías. Me impresiona el nombre. Me da curiosidad saber para qué sirve ese kiosco, pero no digo nada. A cien metros del primero, vuelvo a ver otro kiosco que dice lo mismo. Son como de zinc y estan cerrados, por lo cual no pude saber de inmediato de qué se trataban estos kioscos que cada vez se hacían más presentes.
Con el miedo de saber la respuesta, y con cuidado de no ofender, decido preguntarle al chofer del carro qué es eso de pupucerías. El señor se ríe y me ilustra: "Esos son puestos donde venden Pupusas, pero a esta hora ya están cerrados. Son una especie de arepas y se les pone por encima queso, frijoles, carne... son muy sabrosas".
Al llegar donde mis amigos, les pido que me lleven corriendo a comer pupusas porque eso lo tengo que ver con mis ojos, ¡ya! puesto que la imaginación y lo que sugiere el nombre no es como para abrir el apetito.
Las risas y el cuento entre mis amigos permanece: La venezolana que se imaginó lo peor con la palabra pupucerías.
Mi primera reunión para el proyecto ya la había realizado en Caracas. La segunda reunión es en Costa Rica con el grupo de Coca Cola, liderado por un señor encantador llamado P.K. de la India. Trabajo muchísimo los dos primeros días, para tener libre el tercero, porque tengo unas ganas inmensas de conocer el Volcán de Poás que tiene un cráter como de dos kilómetros de diámetro y es de un color turquesa ¡increible!
Subo por unas escaleras infinitas, bordeadas por unas plantas con hojas que miden metro y medio o más, me acompañan mariposas amarillas durante todo el trayecto. Ignoro si las mariposas están ahí por épocas o porque tengo la compañía de Mauricio Babilonia conmigo ese día. Es un día especial donde veo cosas por primera vez en la vida y sé que no lo voy a olvidar jamás.
De allí, vuelo a Guatemala. Me quedo un día y no me da chance de conocer casi nada de la ciudad, excepto que en el restaurant del Hotel Camino Real, había una enorme Marimba, un instrumento que puede parecerse a un xilófono, y digo puede, porque es diferente. Es de madera y está conformado por una especie de taparas alargadas que van de mayor a menor. Quedo fascinada con su diseño. No conozco mucho más, será hasta que regrese en otra oportunidad.
Al día siguiente, vuelo hacia El Salvador. Ya en Costa Rica y Guatemala me habían hablado de que iba a conocer el Valle de las Hamacas. Le dicen así porque hay muchos temblores. De hecho, lo puedo comprobar en una de las tantas reuniones a las cuales asisto. Tiembla más de una vez y yo en estado de alarma absoluta, con ganas de salir corriendo del edificio, y todo el mundo en la reunión me dice: tranquila, eso es normal. Normal para ustedes, esa tembladera ¡no va conmigo! pero nadie se mueve de su asiento y tuve que seguir la reunión con el vaiven que me quedó en el cuerpo.
Sabía de la historia de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado en San Salvador dando su misa y fue la inspiración para la canción "El padre Antonio y su monaguillo Andrés" de Ruben Blades. Quiero ir a la capilla del hospital donde lo mataron, no a la catedral donde reposan sus restos. No puedo ir a ninguno de los dos lugares por falta de tiempo.
Tengo mucha expectativa en conocer la ciudad que apenas un año antes había finalizado una larga e inclemente guerra civil. Los cuentos sobre la guerra son de espanto. Ya tendría ocasión de preguntarle a los amigos que me recibirían en ese hermoso y verde país.
Con tantas cosas por querer conocer, nadie me preparó para la experiencia que vivo al llegar.
El aeropuerto queda como a unos veinte-treinta minutos de la ciudad. Me monto en el transporte que me mandan de la compañía, meto mi maleta y comenzamos el viaje por una carretera nacional, cuando de pronto veo un kiosco que dice Pupucerías. Me impresiona el nombre. Me da curiosidad saber para qué sirve ese kiosco, pero no digo nada. A cien metros del primero, vuelvo a ver otro kiosco que dice lo mismo. Son como de zinc y estan cerrados, por lo cual no pude saber de inmediato de qué se trataban estos kioscos que cada vez se hacían más presentes.
Con el miedo de saber la respuesta, y con cuidado de no ofender, decido preguntarle al chofer del carro qué es eso de pupucerías. El señor se ríe y me ilustra: "Esos son puestos donde venden Pupusas, pero a esta hora ya están cerrados. Son una especie de arepas y se les pone por encima queso, frijoles, carne... son muy sabrosas".
Al llegar donde mis amigos, les pido que me lleven corriendo a comer pupusas porque eso lo tengo que ver con mis ojos, ¡ya! puesto que la imaginación y lo que sugiere el nombre no es como para abrir el apetito.
Las risas y el cuento entre mis amigos permanece: La venezolana que se imaginó lo peor con la palabra pupucerías.
martes, 20 de septiembre de 2011
Credo Personal
Creo en la risa como antídoto para el mal de ojo.
Creo en la palabra verdad y en aprender que todo aquello que llamamos verdad, no necesariamente es así para los demás.
Creo en quedarme callada, puesto que abrir la boca da muchos problemas.
Creo en la locura de mi familia, me hace saber que el mundo está normal.
Creo en la amistad presente en los buenos y en los malos tiempos.
Creo en leer para entender que no todo es verdadero.
Creo en viajar como la mejor forma de estudio de la vida.
Creo en el agua, como el líquido que favorece las mejores relaciones entre las personas.
Creo en la historia detrás de una fotografía.
Creo que hay un poco de gente mintiendo por el mundo y a mi me han tocado unos cuantos.
Creo que “basado en la vida real” es una redundancia.
Creo en el trabajo como el mejor invento contra la desesperanza.
Creo en tener a salvo la cuenta de ahorros.
Creo en una buena historia.
Creo que no puedo serle fiel a la frase “una imagen vale más que mil palabras” porque una palabra puede tener milones de imágenes.
Creo en todas las cosas que dije y cuando no las creo, las invento.
domingo, 11 de septiembre de 2011
11 de Septiembre de 2001: Una bandera.
Los Ángeles, California. 6 y algo a.m.
- Maiskell, levántate, han atacado las torres del World Trade Center en New York.
- ¿Quién habla? ¿De qué habla?
- Es D. Un avión se estrelló en las torres gemelas. Aquí son casi las nueve de la mañana. Estén tranquilas, pero mosca. Estoy pendiente de ustedes. Avísale a C.
No entiendo nada. Agarro el control que está sobre la mesa, prendo la televisión y aparecen las primeras imágenes de la punta de la torre que está en llamas.
Por loco que parezca, la imagen que tengo en mi memoria, es que en un mismo cuadro se veía gente corriendo, ambulancias, la torre en llamas, acompañado de ruidos de sirenas, gritos, el locutor de voz nasal que intenta explicar que un avión de American Airlines se acaba de estrellar contra la Torre Norte del WTC. La confusión está en mi mente y en la pantalla del televisor.
Un accidente. Falta de combustible. Poco tiempo para aterrizar. Nadie sabe nada.
Salto del mueble a tocarle la puerta a C. La despierto y le cuanto. Nos quedamos viendo la tele. Pocos minutos pasan cuando un segundo avión se estrella en la otra torre y lo vemos directo en las pantallas del televisor. ¿Será de verdad? ¿Eso está pasando en este momento? ¡No podía creerlo!
D llama de nuevo desde Venezuela y nos informa del atentado terrorista. No salgan. Quédense tranquilas en casa.
Se caen las torres. Estados Unidos está en alerta total. Hablo con mi familia. Están preocupados. Les digo que no se preocupen que estoy lejos del suceso. Es verdad, pero miento. No estoy tranquila. Estoy dentro de su territorio y el alerta está en todo el país. Nadie puede salir. Nadie sabe si puede salir o entrar del país. El Terrorismo dejó de ser una palabra en ese instante.
No estoy tranquila. Estoy triste. Tristísima. Es como si algo me ha pasado a mi. Es que de hecho, me ha pasado a mi. Siento la tristeza de la ciudad. Veo las banderas. Las de color y las negras. El recordatorio que algo funesto ha pasado. Los periódicos publican la bandera a tamaño gigante para que los ciudadanos puedan usarla.
Estoy segura de que por esos días, muchos se arroparon con una cobija que tiene el dibujo de la bandera.
Algo se pierde. Incluso para una extranjera como yo, la palabra confianza estaba rota.
Un edificio en Manhattan Beach pone una bandera gigante. Por la acera, justo al frente, pasa un muchacho en bermudas y sin camisa, con unas banderitas que ondean desde sus patines rollerblade.
Ese pedazo de tela de trece rayas horizontales, rojas y blancas, y un cuadrito a la izquierda con cincuenta estrellas, no solo simboliza sus trece colonias que lograron independizarse del Reino Unido y las cincuenta estrellas del cuadro azul, sus estados; sino fue el símbolo de esperanza de toda una nación; el hombro, la compañía, el futuro y la fortaleza de un país que había sufrido su mayor ataque terrorista.
Seis días más tarde, un avión de American Airlines me trae de vuelta a Venezuela.
¿Miedo? No.
¿Incertidumbre? Toda.
Nadie puede llevarme al terminal. Mi amiga Róndine me deja en un punto de control. Un autobús lleva a los pasajeros desde uno de los puntos establecidos en las afueras del aeropuerto, hasta el terminal. Nadie más puede pasar. Solo pasajeros con boletos que salgan dos horas después.
Control de inmigración. No llevo nada que pueda ser un problema. Nada, excepto que mi cámara Mamiya tiene una cuchilla y la llevaba en el bolso de mano. Rezo. Espero que no me manden a desarmar la cámara. No saben de eso. Paso.
El avión estaba casi vacío. Una viejita se sienta a mi lado. Tenía miedo, un rosario y una pequeña bandera en la mano. Le digo que no se preocupe. Que mientras ella rece, Dios nos cuida.
Me dormí. Llegué a Dallas. Cambio de avión. Otro despegue. Nuevos rostros. Nadie cruza palabras. Tener rasgos árabes, es peor que tener la Peste. Nadie se habla. Nadie se mira. Todos miramos.
Llego a mi país. Veo las imágenes. Lloro por quienes murieron. Me estremezco por quienes quedaron.
Traigo en mi maleta, la bandera de los Estados Unidos en papel. Aquella que publicaron en los periódicos, aquella que con orgullo cada persona Americana o no, la pegó en su carro, en su puerta, en su ventana.
Queda el recuerdo. Es mucho lo que se perdió ese día. Es mucho.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Cómo te digo que me importa, si no.
Me dio por escribir una obra de teatro sobre el tema de hacer y ser lo que uno quiere. Vaya que escribir una línea tras otra de forma coherente, no es nada fácil. Eso de que la creatividad llega en una "musa" cual taxi que uno llama para ir al aeropuerto a una hora especfica, no es cierto. Tuve que sentarme a investigar, leer, aprender, pensar, revisar internamente qué sé o qué he vivido sobre el tema. Recordar los cuentos propios, de amigos y desconocidos, preguntar, preguntar y preguntar, y finalmente escribir.
Todos tenemos la "certeza" de que somos libres de la etiqueta de la necesidad de aprobación, pero nos ponen un post it el primer día de clases en el kinder con pega "no se cae fácil" y tinta indeleble.
Desde muy pequeñitos, nos ponen a repetir "¿cómo es que hace el pollito?" "hazme un ojito" y pare de contar, para quedar bien y ser "graciosos" frente a familiares y amigos.
El "gracias" y "por favor", me lo mandaron todos los días en la lonchera del colegio (con razón y ¡gracias mami!)
La pregunta que imagino nos han hecho a todas las personas en el mundo es: ¿qué vas a ser cuando seas grande? Y así, nos van "formando"como hasta los dieciocho años cuando se supone que uno es adulto "sabe lo que hace" y es hora de tomar las decisiones que nos incumben para llegar a ser un ciudadano de "bien".
Hasta ese momento, todo bien, pero de pronto aparece un profesor de esos que te dejan la masa encefálica echa papilla, cuando suelta perlas tipo: "El carácter es un estilo de decisión y las decisiones hacen el destino"
Y uno sale a preguntarle al brujo de "confianza" de tu amiga del alma ¿qué es lo que va a pasar en mi vida? Estos tipos inteligentes saben que hay tres temas principales que angustían a casi todo el mundo: Amor, Dinero y trabajo. Si tienes cara triste, vas por amor. Si tienes la ropa usadita, vas por dinero, y si vas a las 11 de la mañana: no tienes trabajo. Así que ellos saben para que vas y te dan la dosis necesaria de respuestas, sin comprometerse mucho con fechas pasadas o futuras, o con nombres precisos.
Pero llega uno de esos momentos de iluminación, que sabes a donde ir a preguntar y te encuentras que tienes que pasar horas de terapia, para desaprender todo lo que hasta ese momento te parecía normal y como debía ser.
La obra la escribí, y finalmente la acabo de revisar y reescribir. Ha sido la mejor sesión de terapia que he podido tener jamás.
Como un recordatorio de este maravilloso viaje por las letras, dejo esta frase de Oscar Wilde, que resume bien el contenido de mi título:
"Nunca des explicaciones, tus amigos no las necesitan y tus enemigos no las creerán"
Todos tenemos la "certeza" de que somos libres de la etiqueta de la necesidad de aprobación, pero nos ponen un post it el primer día de clases en el kinder con pega "no se cae fácil" y tinta indeleble.
Desde muy pequeñitos, nos ponen a repetir "¿cómo es que hace el pollito?" "hazme un ojito" y pare de contar, para quedar bien y ser "graciosos" frente a familiares y amigos.
El "gracias" y "por favor", me lo mandaron todos los días en la lonchera del colegio (con razón y ¡gracias mami!)
La pregunta que imagino nos han hecho a todas las personas en el mundo es: ¿qué vas a ser cuando seas grande? Y así, nos van "formando"como hasta los dieciocho años cuando se supone que uno es adulto "sabe lo que hace" y es hora de tomar las decisiones que nos incumben para llegar a ser un ciudadano de "bien".
Hasta ese momento, todo bien, pero de pronto aparece un profesor de esos que te dejan la masa encefálica echa papilla, cuando suelta perlas tipo: "El carácter es un estilo de decisión y las decisiones hacen el destino"
Y uno sale a preguntarle al brujo de "confianza" de tu amiga del alma ¿qué es lo que va a pasar en mi vida? Estos tipos inteligentes saben que hay tres temas principales que angustían a casi todo el mundo: Amor, Dinero y trabajo. Si tienes cara triste, vas por amor. Si tienes la ropa usadita, vas por dinero, y si vas a las 11 de la mañana: no tienes trabajo. Así que ellos saben para que vas y te dan la dosis necesaria de respuestas, sin comprometerse mucho con fechas pasadas o futuras, o con nombres precisos.
Pero llega uno de esos momentos de iluminación, que sabes a donde ir a preguntar y te encuentras que tienes que pasar horas de terapia, para desaprender todo lo que hasta ese momento te parecía normal y como debía ser.
La obra la escribí, y finalmente la acabo de revisar y reescribir. Ha sido la mejor sesión de terapia que he podido tener jamás.
Como un recordatorio de este maravilloso viaje por las letras, dejo esta frase de Oscar Wilde, que resume bien el contenido de mi título:
"Nunca des explicaciones, tus amigos no las necesitan y tus enemigos no las creerán"
miércoles, 3 de agosto de 2011
Palabra que me lo gocé!
Me lo gocé completo, no solo el texto, sino leerlo. Me gocé mi texto y el de todos los que leyeron conmigo para darle un regalo a Caracas en el evento "Palabra de León".
¡Ciento sesenta, 160, 1.6.0., escritores!. Una cosa impensable organizada por IMA que suena a organización, pero es Inés Muñoz Aguirre y su equipo de hacedores, porque no puedo describirlo de otra manera.
Una experiencia nueva eso de ir leyendo por Caracas. Me encantó el poema de Oswaldo. No sé quien es y todavía no monta su poema en el blog que contiene todas las lecturas (http://publicartecaracas.blogspot.com) y quiero leerlo ya!
Hermileydis nos regaló su "Caramba Caracas" y nos llevó por todas las "C" que nuestra ciudad ofrece. Elba Escobar le cantó a su Caracas sin ninguna duda. La conoce de tanto mudarse. Llena de tanta verdad como ella. El escrito de Mónica Montañés es tan sabroso, que al escucharla uno sabe que habla de Caracas y sus caraqueños!
Fue un regalo para la ciudad, pero tengo para mi que Inés Muñoz Aguirre nos dio un regalo personal.
¡Gracias miles!
viernes, 22 de julio de 2011
¡Caracas me la gozo un mundo!
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Hoy leí este texto en el Centro de Arte Los Galpones, y quiero dedicárselo a mi hermana Elizabeth, por tener muchos años extrañando nuestra ciudad, y desde lejos, amarla tanto!
¡Caracas me la gozo un mundo!
Disney queda en la calle principal de San Agustín del Norte, saliendo por la autopista Francisco Fajardo. La bajada de esa calle ¡es una montaña rusa! Papá hundía el acelerador para que la caída fuese más intensa y nuestras risas más sonoras. La visitamos muchas veces, sin ninguna otra razón que divertirnos y sentir esa cosquilla en el estomago que produce un salto al vacío.
En el parque El Pinar, queda África. Hasta el sombrero de expedición nos ponía mi mamá y nos contaba que en ese zoológico estaban todos los animales que Noé metió en el Arca.
El boulevard de Sabana Grande me hizo caminar como una paisana de mi ciudad y sentir que me pertenecía este cielo. Allí queda mi Rambla de Barcelona, con esos faroles bellos y sus pisos de adoquín.
El Gran Café, me enseñó que la calle se disfruta con una taza de café en la mano y un juego de ajedrez al aire libre, por eso no me sorprendí cuando fui a Europa por primera vez.
Esos lugares los visité de pequeña. Hoy, salgo a montar bicicleta los domingos en la Cota Mil y es como estar en la ciclovía de Bogotá pero en versión de seis canales de autopista.
La Plaza Altamira, es mi versión de la Fontana de Trevi de Roma, si no se parece, no importa, lo que si es igual es que en ambas he lanzado monedas para pedir deseos.
En Galipán, compro flores como en Holanda. No exagero en la comparación, porque los colores son igual de hermosos. Allí, en nuestra montaña del Ávila, esa que está impresa en los ojos de los caraqueños, queda, entre muchas otras cosas, la terraza del Restaurante de Juan Manuel. Me siento en las mesas del balcón, pido por costumbre mi vino Argentino y miro hacia La Guaira, entre ese verde de la montaña y el fondo azul del mar, impregnado de la luz de Reverón, hermosa como la Costa Amalfitana mientras disfruto de un buen plato de comida Vasca.
La salsa nos imprime ese ritmo caribeño, en las calles de Petare. Si le pongo una samba veo las favelas de Sao Paulo, con su música y su gente, incluso sus historias llenas de vida y de muerte.
Central Park, queda en el Parque del Este.
Siempre creí que una parte de Francia, estaba en el Paseo Los Próceres, porque me pareció grandioso saber que Francisco de Miranda formó parte de la Revolución Francesa y su nombre está escrito en el Arco de Triunfo de Paris.
Caracas no tiene un solo color, tiene el verde de las montañas, el azul del cielo y el alma Vinotinto. Hay ejércitos de creativos, hay gente que camina “por el medio de la calle”, hay gente en los teatros mostrándonos como nunca quienes somos. Es que sé, que le estamos dando paso a una Caracas bien formada, no sólo en su arquitectura sino en su gentilicio. Por una persona que la maltrata, hay diez que buscan consolarla, hay cien que buscan construirla, hay mil que buscan conocerla, hay cien mil que buscan gozarla y hay treinta millones que buscan amarla!
Esto es un mal momento, muy bueno, por eso yo a Caracas ¡me la gozo un mundo!
Maiskell Sánchez
Caracas, 22 de Julio 2011
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