Teresita y Anita. Mis cuchas colombianas. Mis ángeles durante mi estadía en Bogotá. Aquí en la foto están con una amiga venezolana con la que me fui a conocer Andrés Carne de Res pero ese es otro cuento.
Mis queridas cuchas que compartimos durante esos días los cuentos, los desayunos, las novelas y las noticias ¡son lo máximo! Ellas son Colombia para mí.
Desde el primer día ocupé el asiento izquierdo del mueble grande frente al televisor para compartir las noticias, las novelas, un tinto, agua e´panela, una aromática o la risa de estas dos mujeres ¡de película!
Era muy divertido ver que Anita estaba frente al televisor pero en los brazos de morfeo (o en el sueño del galán de turno de la telenovela, ¡no sabemos!) y Teresita le preguntaba: "Anita, ¿qué está pasando en la novela?" (sólo para ver qué contestaba) y Anita decía: -no le voy a contar lo que es tan largo, venga y la ve- demasíada risa nos daba a Teresita y a mi esa salida tan inteligente.
Ellas tienen un excelente juego de humor: Teresita dice, Anita contradice. Así, esas dos mujeres que me daban bendiciones dos veces al día, me brindaron el encanto de quien es educado con mucho sentido de la hospitalidad.
La risa de Teresita es sonora como de travesura y Anita es la que dice cosas lapidarias que no puede uno sino morirse de la risa.
La vez que me fui hacia Santandercito y Melgar, me prepararon una lonchera con frutas y galletas, además del consabido pote de agua "para la carretera" ¡Consentimiento del puro y bueno!
Qué bonitas mis cuchas colombianas, ¡que Dios me les dé mucha vida y salud!
Cuando era pequeña mi escondite favorito fue inventar un alfabeto para escribir libremente.
lunes, 29 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
Taxis!
Me gusta ver la simetría de los taxis. Fue una de mis primeras fotos en Nueva York y ahora trato de hacer la misma foto en cada ciudad que visito. Esta es de Bogotá. Diego mi profesor me dice: "te gusta fotografiar esos zapatos".
martes, 23 de marzo de 2010
Salto al vacio
Es la primera vez que veo un salto de agua vacío. Este es el salto del Tequendama que está aproximadamente a 30km de Bogotá.
Tomé la foto y sentí un vacío, una fuerte impresión, una nada. No tiene nada de agua. Nada.
¿De qué estamos hechos?
Veo la foto y recuerdo que no pude y sigo sin poder describir lo que sentí al ver el salto vacío. Es como ver un final del planeta, es un mal anuncio, una pésima imagen.
Tomé la foto y sentí un vacío, una fuerte impresión, una nada. No tiene nada de agua. Nada.
¿De qué estamos hechos?
Veo la foto y recuerdo que no pude y sigo sin poder describir lo que sentí al ver el salto vacío. Es como ver un final del planeta, es un mal anuncio, una pésima imagen.
El comandante sorpresivo
Estando en Santandercito, un pueblo precioso y colorido cercano a Bogotá, se nos acerca educadamente un policia, oficial, sargento o uniformado, a preguntarnos a Diego y a mi, que qué fotos estamos haciendo en el pueblo. Diego, de la manera más educada le dice que estamos haciendo un entrenamiento fotográfico y que no hay de qué preocuparse que es parte de mi formación.
Le explica que soy su alumna, que soy de Venezuela. El oficial muy amable nos pide disculpas y nos dice: "es que hay que estar pendiente, pero deseo que hagan muchas fotos y su clase sea provechosa, así como su visita en nuestro país". Primera sorpresa.
Diego le dice: -Sargento, tómese un café con nosotros - y digo yo: así me cuenta un poco de este lugar tan bello -y él contesta: -como no, con mucho gusto. Segunda sorpresa.
Diego, le dice: Sargento, aquí mi alumna quiere saber de Colombia y de su policia. El oficial, con la sonrisa que le rebosaba el rostro y cara de buena gente, le dice: "yo soy comandante, y nosotros en la policía tenemos mucho orgullo por pertenecer a ella. Nos educan y nos entrenan para tratar bien a los ciudadanos, colombianos o extranjeros. Venga y le echo cuentos". Tercera sorpresa.
En medio de sus cuentos, escuchándo su voz cantarina y hasta dulce si se quiere, viene un niño a saludar al comandante con cara de admiración y la actitud de saludar a una estrella de hollywood, y el policía le responde como en las imágenes de los libros que tenía en la escuela (cuando le enseñaban a uno a respetar a la policía) saludando al niño con el gesto de pasarle la mano por la cabeza y preguntándole cómo le va en la escuela. Cuarta sorpresa.
Mi quinta y última sorpresa, fue verme a mi misma hablando con un policía y realmente no sentir miedo.
¡Gracias comandante Murillo por darme ese regalo!
Le explica que soy su alumna, que soy de Venezuela. El oficial muy amable nos pide disculpas y nos dice: "es que hay que estar pendiente, pero deseo que hagan muchas fotos y su clase sea provechosa, así como su visita en nuestro país". Primera sorpresa.
Diego le dice: -Sargento, tómese un café con nosotros - y digo yo: así me cuenta un poco de este lugar tan bello -y él contesta: -como no, con mucho gusto. Segunda sorpresa.
Diego, le dice: Sargento, aquí mi alumna quiere saber de Colombia y de su policia. El oficial, con la sonrisa que le rebosaba el rostro y cara de buena gente, le dice: "yo soy comandante, y nosotros en la policía tenemos mucho orgullo por pertenecer a ella. Nos educan y nos entrenan para tratar bien a los ciudadanos, colombianos o extranjeros. Venga y le echo cuentos". Tercera sorpresa.
En medio de sus cuentos, escuchándo su voz cantarina y hasta dulce si se quiere, viene un niño a saludar al comandante con cara de admiración y la actitud de saludar a una estrella de hollywood, y el policía le responde como en las imágenes de los libros que tenía en la escuela (cuando le enseñaban a uno a respetar a la policía) saludando al niño con el gesto de pasarle la mano por la cabeza y preguntándole cómo le va en la escuela. Cuarta sorpresa.
Mi quinta y última sorpresa, fue verme a mi misma hablando con un policía y realmente no sentir miedo.
¡Gracias comandante Murillo por darme ese regalo!
lunes, 22 de marzo de 2010
¡Lección de geografía!
¡Claro! Estaba en Colombia y no había manera de llamarlas de otro modo. Qué cosa tan pendeja, pero me pasó.
Lo que si puedo decir es que mi profesor me las hizo fritas y saben a gloria. Tiene toda una técnica dejarlas como él las dejó: finitas, crocantes y cero grasosas. Dentro de poco me propongo repetir la forma, si lo logro les cuento, sino, tendré que hacer el esfuerzo de regresar a Bogotá a decirle a mi profesor que las de aquí, no saben a las de allá. ¡Siempre es buena una excusa para volver!
jueves, 18 de marzo de 2010
¡Wonder Woman es mi hermana!
Va al trabajo en las mañanas manejando por las calles de una ciudad congestionada por el tráfico y la anarquía, llevando a su pequeño hijo al colegio, con la alegría pintada en el rostro.
Esta maravillosa mujer es mi hermana, a quien con los años hemos llamado Zetty, Yusde, YY, Yyei, Yeyi (con todas sus variantes).
Hoy. ha cortado su melena larga, negra, bonita y bien cuidada para donarla a SenosAyuda, (organización que trabaja en la lucha contra el cancer de seno) para que la organización haga con su cabello una peluca de cabello natural para las mujeres que lo necesiten.
Me siento orgullosa de ser su hermana y les digo, también vuela, tiene el lazo mágico, es a prueba de balas y pertenece a la Liga de la Justicia.
¡Ailoviu Sis!
Esta maravillosa mujer es mi hermana, a quien con los años hemos llamado Zetty, Yusde, YY, Yyei, Yeyi (con todas sus variantes).
Hoy. ha cortado su melena larga, negra, bonita y bien cuidada para donarla a SenosAyuda, (organización que trabaja en la lucha contra el cancer de seno) para que la organización haga con su cabello una peluca de cabello natural para las mujeres que lo necesiten.
Me siento orgullosa de ser su hermana y les digo, también vuela, tiene el lazo mágico, es a prueba de balas y pertenece a la Liga de la Justicia.
¡Ailoviu Sis!
martes, 16 de marzo de 2010
La palanca de Arquímedes
Mi amiga Adriana Bertorelli, escritora y poeta (su libro ¨Música de Rockola" es maravilloso) me presentó vía tecnología a su amigo Alberto Salcedo Ramos, escritor colombiano -si pueden leer algo, se lo van a disfrutar mucho, es una pluma escandalosamente buena- a quien ya había leído hace un año su crónica "El Oro y la Oscuridad" que por cierto, me contó Alberto que va a ser llevada al cine.
Me encantó también una crónica que se llama "la niña más odiosa del mundo", otra que es imprescindible leer "un país de mutilados", así como muchas historias que escribe, que lo mantienen en vilo a uno de principio a fin.
Salimos a almorzar esta semana pasada en Bogotá y me encontré con un hombre de risa fácil y rápidos pensamientos.
Estaba más que nerviosa por conocer a tamaño personaje y poder entablar con él una conversación a la altura de su pluma. Preocupación pendeja, pero preocupación al fin.
Lo primero con lo cual me enfrenté fue con su sentido de orientación. Quedamos en encontrarnos en la puerta de un centro comercial a la una. Así fue. De allí iríamos a un restaurante que quedaba cerca. Salimos a la calle, bajamos una cuadra - no, por aquí no es - volvimos a subir, cruzamos a la izquierda - ¿pero dónde está este restaurancito que es tan bueno? - cruzamos a la derecha - aquí hay varios que son muy ricos - hasta que finalmente se paró en una esquina y me dijo: ya va, ya va, es por aquí.
No recuerdo el nombre de la calle -muy bonita por cierto- porque subimos y bajamos y yo me quedé sin saber dónde estábamos. Oh Sole mío, ahí llegamos, a ese restaurant.
La conversa me la disfruté porque Alberto es muy divertido y fresco. Hablamos de muchas cosas; de su vida, sus escritos, su trabajo, del mío, de Colombia, de Venezuela, de sus amigos venezolanos, del queso de telita, en fin, de todo lo que uno puede hablar cuando no se conoce pero que sí conoce algunas cosas.
Lo que si les aseguro es que la risa al lado de Alberto es facilísima.
Una cosa que me hizo morir de la risa fue cuando me explicó que él entendió claramente el principio de Arquímedes, que Arquímedes era un filosofo muy listo cuando dijo: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo" y que él tenía para sí, que el punto de apoyo era el culo de una mujer. Que estaba facílisimo porque no había nada mejor para mover el mundo que apoyarse en un culo.
Alberto, gracias por ese almuerzo lleno de risa y mucha curiosidad.
¡Eres una maravilla!
Me encantó también una crónica que se llama "la niña más odiosa del mundo", otra que es imprescindible leer "un país de mutilados", así como muchas historias que escribe, que lo mantienen en vilo a uno de principio a fin.
Salimos a almorzar esta semana pasada en Bogotá y me encontré con un hombre de risa fácil y rápidos pensamientos.
Estaba más que nerviosa por conocer a tamaño personaje y poder entablar con él una conversación a la altura de su pluma. Preocupación pendeja, pero preocupación al fin.
Lo primero con lo cual me enfrenté fue con su sentido de orientación. Quedamos en encontrarnos en la puerta de un centro comercial a la una. Así fue. De allí iríamos a un restaurante que quedaba cerca. Salimos a la calle, bajamos una cuadra - no, por aquí no es - volvimos a subir, cruzamos a la izquierda - ¿pero dónde está este restaurancito que es tan bueno? - cruzamos a la derecha - aquí hay varios que son muy ricos - hasta que finalmente se paró en una esquina y me dijo: ya va, ya va, es por aquí.
No recuerdo el nombre de la calle -muy bonita por cierto- porque subimos y bajamos y yo me quedé sin saber dónde estábamos. Oh Sole mío, ahí llegamos, a ese restaurant.
La conversa me la disfruté porque Alberto es muy divertido y fresco. Hablamos de muchas cosas; de su vida, sus escritos, su trabajo, del mío, de Colombia, de Venezuela, de sus amigos venezolanos, del queso de telita, en fin, de todo lo que uno puede hablar cuando no se conoce pero que sí conoce algunas cosas.
Lo que si les aseguro es que la risa al lado de Alberto es facilísima.
Una cosa que me hizo morir de la risa fue cuando me explicó que él entendió claramente el principio de Arquímedes, que Arquímedes era un filosofo muy listo cuando dijo: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo" y que él tenía para sí, que el punto de apoyo era el culo de una mujer. Que estaba facílisimo porque no había nada mejor para mover el mundo que apoyarse en un culo.
Alberto, gracias por ese almuerzo lleno de risa y mucha curiosidad.
¡Eres una maravilla!
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