martes, 31 de diciembre de 2013

Cada 31


Desde hace algunos años, cada 31 de Diciembre, salgo de casa con el pensamiento de que puedas ver a través de mis ojos el paisaje que me rodea. Las montañas verdes con esa luz dorada de diciembre.
Esa foto es la próxima que vas a tener para ampliar la colección, y con el alma pido que muy pronto la veas con tus ojos, en ¡libertad!
Gracias Iván por regalarme tu amistad y tu fortaleza. Atesoro cada palabra.
Gracias Kiki, Bony, Ari, Mecha, son especiales para mí.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Que nadie engorde con las hallacas



Próximos para recibir un año nuevo, no se pese. Pesarse trae mucho mal rato. Coma hasta que el botón del pantalón pueda cerrarle. En todo caso, siempre puede hacer un día de desintoxicación: jugo de piña con pepino por un día y bastará para que pueda continuar la parranda al día siguiente. 
Créame, el peso viene etimológicamente de la palabra pesar, es decir, una pena. (Tal como dicen en Colombia: ¡Ay! que pesar, qué pena con usted).
Vaya donde quiera y coma. La dieta es una palabra que inventó alguien con mucha amargura y cantidad de flojera para cocinar.
No se crea todo lo que lee en twitter. Eso trae grandes problemas de conciencia para poder disfrutar las navidades. Ahí, solo se escucha: fulano dijo, que perencejo hizo, que mengano se fue, que zutano no pagó. Y todo el mundo se cree todo. Es como una gran cadena que todos aceptan. Es más, no lea twitter. Eso le hará ver otra realidad.
Practique ejercicios: empine el codo todo lo que quiera. Siempre lo van a disculpar porque es navidad “y es la época más feliz del mundo” y si lo critican, tiene la posibilidad infinita de decir: no recuerdo nada. 
Aléjese de las canciones tristes. Escuche el disco de Nirvana en navidad (si es que existe).
No trate de ser feliz a juro. Eso tiene consecuencias graves en su buen humor. 
Échese un palo con usted mismo. Sentado a solas. Haga su lista mental de las cosas que va a mandar para ese sitio tan mencionado llamado carajo y mire bien donde va a poner sus proyectos en el 2014. Si no se le ocurre nada, aprópiese de la frase del comercial de Ford: #Vamos2014
Eso sí, goce todo lo que pueda. No deje nada por hacer, y mi deseo en estas fiestas navideñas es que nadie engorde con las hallacas!
P.D.: Cada día es un regalo, preocúpese de romper bien el papel!

viernes, 22 de noviembre de 2013

Llegará cuando quiera


Todo pierde sentido. 
La respiración se acorta. 
El pecho se oprime. 
La mente se llena de palabras. De imágenes de la última vez. 
De pensar qué me perdí, con qué me quedo.
Llegan los lugares comunes: “es lo mejor” “así es la vida” entre otros, que en algún momento también hemos dicho.
Uno no se inventa el consuelo. Eso no existe, porque la muerte hay que vivirla, ya que la muerte no le pesa al que se va. La muerte se queda en el que vive.
Y el español tiene esa manera única de decir se me murió, porque algo muere en uno cuando un ser querido se nos va. 

No hay palabras que expresen eso. Hay solo tiempo. El vivido con esa persona y el que nos toca vivir después de que ese alguien deja de estar cerca.
No te apures en pasar la página. La muerte no es un libro que podemos terminar y dejar en la mesa de noche hasta que se pierde en cualquier estante o en alguna caja.
Ya llegará el consuelo, y llegará cuando quiera.

martes, 19 de noviembre de 2013

Poema Fracaso. Autor: Rafael Cadenas

Foto tomada de Google (no dice autor)

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Cuanto he tomado por victoria es solo humo.
Fracaso, lenguaje del fondo, pista de otro espacio más exigente,
difícil de entreleer es tu letra.

Cuando ponías tu marca en mi frente, jamás pensé en el mensaje que traías, más precioso que todos los triunfos.

Tu llameante rostro me ha perseguido y yo no supe que era para salvarme.
Por mi bien me has relegado a los rincones, me negaste fáciles éxitos, me has quitado salidas.

Era a mí a quien querías defender no otorgándome brillo.

De puro amor por mí has manejado el vacío que tantas noches me ha hecho hablar afiebrado a una ausente.

Por protegerme cediste el paso a otros, has hecho que una mujer prefiera a alguien más resuelto, me desplazaste de oficios suicidas.

Tú siempre has venido al quite.

Sí, tu cuerpo llagado, escupido, odioso, me ha recibido en mi más pura forma para entregarme a la nitidez del desierto.

Por locura te maldije, te he maltratado, blasfemé contra ti.

Tu no existes.

Has sido inventado por la delirante soberbia.

¡Cuánto te debo!

Me levantaste a un nuevo rango limpiándome con una esponja áspera, lanzándome a mi verdadero campo de batalla, cediéndome las armas que el triunfo abandona.

Me has conducido de la mano a la única agua que me refleja.

Por ti yo no conozco la angustia de representar un papel, mantenerme a la fuerza en un escalón, trepar con esfuerzos propios, reñir por jerarquías, inflarme hasta reventar.

Me has hecho humilde, silencioso y rebelde.

Yo no te canto por lo que eres, sino por lo que no me has dejado ser. Por no darme otra vida. Por haberme ceñido.

Me has brindado solo desnudez.
Cierto que me enseñaste con dureza ¡y tú mismo traías el cauterio! pero también me diste la alegría de no temerte.

Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa.

Gracias a ti que has privado de hinchazones.

Gracias por la riqueza a que me has obligado.

Gracias por construir con barro mi morada.

Gracias por apartarme.

          Gracias.
P.D.: Gracias a tí, Cadenas, por ser faro en muchos pensamientos.

domingo, 20 de octubre de 2013

La historia de un Rey


Foto tomada de Google
Dios te bendiga viene acompañado de un pan caliente recién horneado. Es un pan con sabor a cariño. Es el recibimiento acostumbrado de mi tío Rey, en su Maracaibo amado.
Mi tío aprendió el arte de la panadería de la mano de un señor que le dijo que él podía hacerlo. Lo convirtió en su quehacer. Nada define más al hombre que aquello que hace, y para mí, tener a mi tío Rey, es asegurarme el mejor pan del mundo cada vez que voy a Maracaibo.
Hace poco más de dos años, mi tío sufrió de una amputación en los dedos de sus pies por un problema de azúcar o diabetes. Fue alarma generalizada en la familia. Para mí, fue una imagen que me causó dolor. No puedo imaginar la escena de ver cortar parte del cuerpo para buscar una cura. No lo entiendo mucho.
Mi tío perdió los dedos de un pie, la paciencia y el trabajo. No podía moverse sin sufrir terribles dolores. En su voz se escuchaba esa nota de melancolía y rabia, contra ese otro que es uno mismo: no hice la dieta, no sé hacer dieta, qué puedo comer, cuánto como, qué debo hacer.
Pasó un rato antes de entender que la mejor parte de su personalidad saldría adelante justo cuando le había pasado lo peor.
Su talento iba a ser su motor. Su apoyo estaba más allá de su pie.
Compró maquinas y decidió, junto a sus hijos -su esposa murió hace muchos años de un cáncer- que iban a hacer pan desde la casa. Pidió créditos. Se apoyó en su familia.
Fue increíble saber como cada día, su casa se llenaba de gente que venía a buscar el pan de mi tío Rey. Se hizo tan popular que llegaban camionetas de panaderías o restaurantes a buscar su maravilloso pan.
El negocio creció en medio de muchas idas a hospitales. Su azúcar seguía en alza y su salud se minaba. Sin embargo, le enseñaba a sus hijos el arte de hacer pan.
La semana del 15 de septiembre, reunió a sus hijos, les dijo que ya todos los créditos estaban pagados, que ya las máquinas les pertenecían en su totalidad. La deuda estaba saldada. Les pidió que trabajaran juntos en el negocio, que no le trabajaran a nadie más que a ellos mismos, ya que finalmente él pudo hacer el negocio familiar. 
También les pidió, que lo llevaran al hospital porque se sentía muy mal.
Mi tío Rey, falleció el 26 de septiembre. Murió de cáncer linfático. No de azúcar, sino de cáncer. No sabemos la relación de una enfermedad con otra, al menos, yo no.
No pude despedirme, ni acompañarle. Esta es mi manera de hacerlo, pero realmente es para reconocerle esta historia, este cierre y esta enseñanza. 

Gracias tío, mi cariño y mi agradecimiento por cada bendición y por cada pan que me diste con tanto cariño.

domingo, 25 de agosto de 2013

Son los otros

Muchas veces me pregunto porqué me tocó vivir este tiempo tan desajustado en mí país. He debido quedarme por allá. 

Aquí hablan los vivos de los muertos, y cualquier “loquito” presidente, dirigente, concejal, político, intenta hacernos creer que libró mil batallas sin haber ido nunca a ningún lado.
Razón tiene mi profesor de filosofía: “los partidos políticos se crearon porque los locos deben estar recogidos en algún lado”.
Hay dos bandos. Tengo para mí que los dos bandos se definen en moral y ética con sus respectivos antónimos. La golpiza es moral. Creo en toda la corrupción de la que han sido capaz los que están en el poder –llamarlos gobierno o dirigentes les brinda la altura que no tienen- como también creo en la corrupción de los llamados opositores, quienes critican a los del régimen con negocios un tanto oscuros desde mesas de restaurantes, apartamentos nuevos, clubes o vaya usted a saber. 

Tengo un amigo que habla horrible del gobierno pero trabaja para ellos poniendo bien bonita su imagen mientras muestra fotos en su Facebook de su naciente riqueza.
Estas dos últimas semanas me ha tocado ver muy de cerca estas versiones de país y no tengo claro si agradecerlo o lamentarlo. 
Me he preguntado muchas veces, porqué tenemos este presidente –nótese la p minúscula- y me he quedado sin respuesta. Sin embargo, Maduro se parece mucho al abusador motorizado venezolano que golpea el retrovisor de mi carro, al parquero y/o cajero que devuelve incompleto el vuelto, al dueño de la tienda que no te cambia la mercancía, al cliente que no paga el trabajo con cualquier excusa, al empresario que saca Cadivi pero cobra en dólar paralelo, al que pone como pretexto que no le salen bien las cosas porque “otro” tiene la culpa. Maduro se parece más a un guachafitero que a un Presidente. Según la Real Academia Española, guachafita es 1“(Ven) alboroto”, 2 “(Ven) falta de seriedad, orden o eficiencia”
El mundo anda al revés, o nosotros andamos de cabeza. 
No hay manera de dar prioridad a las noticias. Son tantas y tan malas, que terminamos por aturdirnos. Sin bastar lo malo que pasa aquí –no se pueden esconder tantas noticias y menos en estos tiempos- veo la foto de Siria, donde hay miles de personas muertas por un posible ataque químico. Se me arrugó el corazón. No hay palabras para este crimen. Una sola persona que sufra esto es suficiente para rechazarlo. Una persona, es todas las personas.
Le pregunto a un historiador porqué se instaló un tipo como Chávez en el país, y me suelta una respuesta donde siento como si me cae una montaña de nieve en medio del calor de Maracaibo y no puedo ni moverme: “porque Chávez supo como aprovecharse de los rencores de la gente y los usó de forma magistral". Congelada. De una pieza.
Que poca autoestima tenemos los venezolanos. Nos conformamos con el primero que viene a decir querernos y ahí nos quedamos pegados recibiendo migajas que es peor que nada. 

¡Que atolladero en el cual nos encontramos!
Repetimos como loros lo que todos dicen según lo que queremos creer. 
Está el que quiere creer que estos tipos son los salvadores de una patria que ya no "iba" hacia adelante y por eso se le cambió de nombre, huso horario, símbolos patrios, cara de libertadores para tener una “patria nueva”, y también estamos quienes queremos verla conectada al bienestar, la riqueza, la tecnología, la independencia, la seguridad, apegada a las leyes, con decencia, con educación.
Aquí, hay que ponerse párpados en los oídos. 
No conforme con la respuesta del historiador, me llegan las palabras de José Ignacio Cabrujas a través de la obra de teatro “El día que me quieras”, así como un escrito sobre “La viveza criolla". Destreza, mínimo esfuerzo o sentido del "humor” que me hace pensar que él es el único venezolano que puede hablar de eso, así como García Lorca fue el único que pudo hablar del “duende”.
Cabrujas comprende este país, mejor que cualquiera. Y digo comprende, porque sus palabras son tan vigentes que se hace difícil mencionarlo en pasado.
Hay que ir hacia adentro. Buscar la protección a tanto ataque. A tanta ensalada de palabras. 
Hay que asumir. Hay que asumirse. En la vida, en el oficio, en el proceder. No son los otros, somos cada uno de nosotros los que tenemos ese deber.
Maiskell

jueves, 25 de julio de 2013

Caracas, ¿cuál palabra te define hoy?


Caracas está de aniversario. 446 años de su fundación y todo el mundo dice que el futuro no queda aquí. Parece un país de indocumentados donde uno se mueve con sigilo cosa que no te vayas a encontrar con los delincuentes o la policía, que parece ser lo mismo. Una migra paranoica. Caracas no suena a futuro. Una parada de autobús parece describir la desidia: no hay parada, sino la idea que una vez fue una parada y la gente por costumbre hace la cola en el mismo lugar. 
Caracas no se deja fotografiar en paz. Todas las imágenes que veo muestran a El Ávila. Allá no hay misión vivienda para sobrevivientes, con firmas de presidentes y consignas patrióticas. 

En la ciudad hay una bulla enorme de insultos que parecen ollas de agua hirviendo sobre fogones de madera donde los borbotones de agua salpican como la lava de un volcán a punto de estallar. 
Aquí quieren mantener en vida a un muerto y a los vivos que los mate quien quiera por la razón que sea. Una mirada inoportuna y listo, te dan tu ticket para el otro lado.
Caracas necesita políticas públicas, no políticos publicitarios. De esos, ya estamos hartos.
No se quién estaría detrás de Simón Bolívar para escribir y recoger todo lo que dijo, pero en una carta que le escribió al General Juan José Flores le comentó que “… este país caería infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos de todos colores y razas…”
Y eso espanta. Porque uno no sabe si es que nunca ha dejado de ser así.
Pareciera que quedarse aquí, es el fracaso, y emigrar es una hazaña con etiqueta de éxito. Solo esta semana, tres personas queridas se van del país. Y a uno le entra un miedo, la duda, la maleta mental.
Caracas no aguanta más insultos. Nos sale examen porque estamos raspados en ciudadanía. Nos toca ponernos a estudiar. Aprender a arreglar el cuarto donde se duerme, a lavar el carro, a dar los buenos días en casa, a cuidar el lenguaje, a cuidar la apariencia, a lucir más bonitos, a poner de moda la decencia. Nos toca aprender a arreglar un país.
Corro a buscar las referencias del buen vivir, para esquivar tanto maltrato.
¿Cómo se escuda uno de tanto malvivir? ¿Cómo se protege uno de tanta estridencia?
No existe una manera, creo que cada quien va haciendo un pedacito.
Recuerdo el día en el cual conocí Andrés Carne de Res en Chía. Parece un parque de diversiones de tanta luz y tanta vida. Lo caminé, lo disfruté, me lo comí con los ojos y literalmente con el paladar. Ese lugar es una puesta en escena de Colombia, o de Bogotá, en sus formas, sabores y sonidos. Quise buscar quien me contara su historia. Cada quien me contó algo diferente. Lo abrieron en 1982. Década que arranca con el premio Nobel de literatura y con otros nombres que pusieron a Colombia de rodillas: Carlos Lehder, Gonzalo Rodríguez Gacha, Los hermanos Ochoa y el reconocido Pablo Escobar, entre otros. La muerte era la noticia. Ellos la llamaron la época del terror. Carteles, bombas, asesinato, secuestros, todo era muerte. Sin embargo, para Andrés el foco era trabajar. Hacer lo que tenía que hacer.
He hecho la misma pregunta en otros países: ¿cómo hicieron para mantenerse en pie en medio de tanto desastre, de tanta muerte, de tanta violencia?. Panamá, hoy lugar de muchos emigrantes venezolanos, estaba comandado por el dictador Noriega. República Dominicana, tiene la historia de Trujillo, Argentina la de Perón. Casi toda nuestra América Latina ha estado sumida en el caos político-social de las dictaduras y cómo dijo Bolívar “… de tiranuelos de todos colores y razas…”.
Pienso que los políticos y los funcionarios deberían tener una especie de líquido verde fluorescente que haga luminiscencia cada vez que cometan un acto de corrupción. Se cuidarían de no mancharse con ese líquido. Seríamos humanos derechos.
La medida del amor es amar en las buenas y en las malas. Este es un mal momento para nuestro país porque el “bochinche” lo preside. Pero también es un país lleno de sonrisas, de gente que vale la pena. 
Caracas, es una ciudad hostil, con rincones muy dulces. Caracas es el poema Boulevard de Leonardo Padrón. Es Arianna Arteaga pegando gritos cuando ve una Guacamaya cruzar por su ventana. Es Mirelis Morales quien debe ponerse tinta de optimismo en los dedos para defender todos los días  la ciudad e invitarnos a recorrerla con la remembranza del autobús de San Ruperto. Es Cristal Palacios invitando a buscar la paz en el arte. Es Alonso Moleiro que nos invita a mirar y  proteger la arquitectura de nuestra ciudad. Es Vida Gaviria enseñándonos a proteger a los niños de tanta locura suelta. Es Donaldo Barros quien nos enseña que el talento no tiene nacionalidad y que lo que pienses aquí lo puedes hacer. Es mi amigo J. quien me llama para preguntarme cómo hace una foto de un turpial. Caracas es su gente. 
Caracas es la señora Hilda que se levanta a las cinco de la mañana para ir a trabajar. Es María en la cola. Juan en el tráfico. Ernesto que lleva a su hija a la escuela. Luis el panadero. Josefina la que vende periódicos y es todo ciudadano decente de este país, que sí los hay.
Aún no consigo la palabra de Caracas. Sigo buscándola. No tengo idea si mi ciudad va a cambiar, pero al menos sé, que tengo que hacer mi parte.