domingo, 3 de abril de 2011

Hombre si es gente



Porque los hay malos, buenos y ¡gente!
Copyright© Maiskell Sánchez 2009
 

COMO COMENZÓ A INTERESARME ESTE TEMA 
En el transcurso de mi vida, siempre he escuchado hablar a las mujeres del desamor, del maltrato y de la incomprensión del hombre hacia nosotras.
Recuerdo vívidamente el tema de la paternidad irresponsable en mis primeros años de estudiante de publicidad. Recuerdo también que se hablaba de la relación de pareja desde la atención de la mujer hacia el hombre: el bistec más grande siempre era para el hombre de la casa. Escuchaba que el hombre ganaba la plata y los viernes era el día de gastarlos en “tragos”  o repartidos con la “otra” que era vecina del mismo barrio.
Mi propia experiencia me enseñó, que esas historias no eran parte de la ficción, del imaginario del venezolano promedio, sino que algunas de ellas eran ciertas y así las viví.
Un día tome clases de escritura de guiones de telenovela (2003) con la famosa escritora Venezolana, Mónica Montañés, quien tenía para sí una frase lapidaria: “hombre no es gente” que justificaba las historias que me habían contado las amigas e incluso algunas mías.
La cosa me pareció que requería un proceso de pensamiento y pasé a observar a los hombres y mujeres que me rodeaban, como hacen los naturistas con los pájaros y las flores.
Muchas mujeres solas en todos los cafés hablando de hombres, por supuesto. Todas quejándose de lo mismo; que si el desaparecido del “tipo” ese no llamó, que si me dio excusas, que si yo que soy una mujer “increíble”, independiente, profesional y todas las “cosas” que hemos escuchado. Por otro lado, los hombres hablando de mujeres y pensando con la única cabeza que les sirve, si, así como leyeron, que les sirve. porque la otra, vamos a estar  claras, la desconocemos en la mayoría de los casos. Pero (y aquí viene el pero) descubrí algunas cosas interesantes de ellos que jamás había pensado que les sucedía.

CUANDO ME CONVERTÍ EN MI MEJOR AMIGA
La valoración de que somos mujeres "demasíado" es algo que decimos de la boca para afuera, porque lo que queremos siempre es que el hombre nos valore y cuando no lo hace, nos sentimos destruidas, mal, arrastrando la cobija y pensando que salimos con un “balurdo” de marca mayor, la realidad para mí es que no nos valoramos nosotras por nosotras mismas. Es que bien vista la cosa, no perdonamos ni a nuestro cuerpo diciéndole todo el día: estoy gorda, que si el rollito, que si la cara, que si el cabello, pero ¿hasta cuando vamos a seguir con el maltrato? Si eso lo hacemos con nosotras mismas, ¿cómo es que esperamos que venga alguien a cambiar nuestra mente y nuestra postura sobre nosotras mismas? muy complicado.

ES MEJOR PREGUNTAR QUE NO SABER
Mandé un mail a un montón de amigas, preguntándoles por sus historias con los hombres, y lo que más me entusiasmaba era la idea de tener una base, una información completa para poder escribir un “algo” que dejara claro ese comportamiento absurdo e infantil de arremeter contra la mujer y con muchas ganas de hacerlos responsables de nuestro desamor y comportamiento. Por esas jugadas del destino hablé con un amigo que se arriesgó a decir muchas cosas que me dejaron pensando que esta historia que les cuento, tenía otro lado. Mi amigo Argentino, muy valiente él, me dejó y por escrito, que el desamor no era sólo cosa de mujeres, que él había sufrido mucho por el amor de una mujer indiferente y que también había mujeres que deseaban algo pasajero, que eso de la “llamada del día siguiente” no era esperado por todas las mujeres, que él se había quedado esperando porque una mujer le dijera que lo había hecho bien, que se verían al día siguiente y que pensaba que él era “el hombre de su vida”, es decir, ellos también ven la casita, el perrito, el jardín, la cerca blanca y todas las cosas de lo que llamamos “estar feliz en pareja”
Sus respuestas a mis convicciones me sorprendieron. Salí disparada a preguntarle a mis amigos, qué pensaban ellos de las mujeres que se entregaban el mismo día que las conocían, qué pensaban de las mujeres profesionales que ganaban más plata que ellos, qué pensaban sobre la fidelidad, sobre la belleza, sobre las relaciones con mujeres más jóvenes, y la lista seguía larga. Así supe que ellos no estaban tan interesados en cómo nos quedaban las cejas de perfectas, o la manicure, o los cinco centímetros de más en nuestra cintura.

LO QUE CONSEGUÍ
Toda esta experiencia hizo que me dedicara a hacer una lista de las cosas que me gustan de los hombres.
Aquí va mi lista:
• No consiguen fingir un orgasmo,  o la “elevación” de gusto por una mujer.
• Tienen dos botones: ON – OFF.
• Muchas veces no nos entienden, pero siguen empeñados en hacerlo y seguir a nuestro lado.
• Les parecemos atractivas, aunque nosotras ni nos creamos eso frente al espejo.
• Le ponen empeño a la hora de ser amantes, y se sienten bien si nosotras llegamos (o fingimos)  nuestro mayor el placer.
• Casi nunca les da miedo la oscuridad.
• Se empeñan en arreglar la plomería, aunque después llamemos al plomero para arreglar el desastre que con tanto entusiasmo se dedicaron a reparar.
• Les importa poco lo que piensen los demás.
• Jamás les pasó por la cabeza martirizarse con zapatos altos.
• Les encanta explorar nuestro cuerpo.
• Siempre se terminan la comida del plato y no se sienten culpables por ello.
• Están dotados de hombros donde una mujer puede dormir sin mucho esfuerzo.
• Están en paz con sus cuerpos, a excepción de la calvicie o alguna que otra obesidad.
• No le temen a las cucarachas.
• Nunca mienten sobre su edad.
• No consiguen vivir sin una mujer.
• Cuando les decimos te quiero, siempre piden que les detallemos cuánto! 


LO QUE SIENTO HOY
Seamos lo que queramos, pero seamos nosotras mismas, porque por mucho tiempo actuamos roles, papeles que nadie nos asignó, allí empieza la deformación de lo que queremos (Es que una quiere un príncipe y para eso hay que ser princesa, pero las princesas van al baño, comen cochino, cambian el caucho de su carro, es decir, ¡son auténticas!) Vamos a querer a un hombre, dejémos la cosa con los príncipes que sólo existen en Disney o en las monarquías, donde ya hay bastantes problemas (intriga, infidelidad y afines)
Así que mujeres lindas, espectaculares, inteligentes, vamos a reconciliarnos con esa parte tan fundamental en la vida de una mujer, que es querer a un hombre bueno al lado, dejemos el check list tan estricto que tenemos, seamos flexibles, definamos lo que queremos como amor y no les pongamos tanto peso a los tipos encima! Paguemos el psiquiatra para hablar y que él pague las cosas para disfrutar!!!!
Así nace “hombre si es gente” y esta lista de cosas buenas y otras no tanto, lo convertí en un demo para un programa de radio que me encantaría hacer! (ya tengo varias entrevistas: Alonso Moleiro, Mónica Montañes, Adriana Bertorelli, Frank Quintero, entre otros) 
El demo se los pongo si les gusta la idea, y si se les ocurre como puedo hacer para llevarla al aire, pues mejor que mejor!
RECUERDEN: El proyecto se llama "Hombre si es gente", pero no olviden el selling line: Porque los hay MALOS, BUENOS Y GENTE.

Cuentos de sobremesa

La parrilla estaba lista. Nos sentamos en la mesa. A mi derecha estaba sentado un muchacho que fumaba y hablaba con la misma irreverencia ¿Él, quién es? le pregunté a mi amiga.
Nos vimos dos veces más y fue suficiente para sentir un enamoramiento inmediato. Podía no haberlo visto nunca, pero las dos veces fueron suficientes para sentirlo y entenderlo como si lo conociera de toda la vida.
Nos sentamos en el café. Comenzamos con las risas y los cuentos crecieron en importancia y confidencia. ¿Lo más confidencial que nos contamos?
Hacer su libro.
Suena simple, no lo és. Pasé cinco semanas corrigiendo textos y conociendo las historias detrás de la historia. Más personal que eso, no sé que puede ser.
Hicimos la foto de portada. Me encantó lo que hicimos. Simple, hermoso, apropiado.
Eso fue en Septiembre. El libro salió en Noviembre y ahorita acaba de salir la segunda edición.
La gente dice que el libro es comiquísimo. Ciertamente lo es. Tengo para mí, que mi amigo Totón, escribe con mucho sentido del humor las grandes tragedias que nos pasan.
Lista para la próxima aventura contigo mi Totón!

jueves, 6 de enero de 2011

Necesito un diseñador


La casa tiene un entrada altísima. En el estacionamiento, un par de camionetas negras parecen guardianas de esa inmensa fortaleza. Es casi un set para una foto.

Atravieso la puerta principal, camino por el pasillo que casi llega directo a la playa. Las paredes estan llenas de cuadros. Quien me acompaña, me cuenta de la importante colección que hay en esas paredes. A mi me parece que todo está como muy amontonado.
Me llevan a una sala que tiene vista al mar. Al fondo, varias personas montan mesas, sillas, flores y telas que forman parte del decorado. La piscina se convierte en piso en cuestión de dos horas. Una enorme estructura de madera cubre ese remanso de agua potenciada de azul por las baldosas, y pasó a ser una sala de fiestas a la orilla de la playa.
Son las 9 de la mañana de un día cualquiera y mi presencia allí, es porque me pidieron escribir los discursos que van a pronunciarse esa noche. Los personajes a los cuales les tengo que escribir, son variopintos. El discurso principal, se lo escribo a un candidato presidencial de mi país, el otro discurso lo escribo para una de las fundadoras de una Institución y un tercer discurso se lo escribo al invitado de lujo, un reconocido bestsellers books, como insiste la gente en llamarlo.
Manos a la obra. Sin computadora, sino a la vieja usanza de la libreta amarilla y un lapicero.
Al poco rato me dicen: -quiero que conozcas al dueño de a casa. Cuando lo vi, sólo pude recordar a Danny De Vito, era igualito. Me dio la mano con la misma fuerza que me inspeccionó cual agente de inmigración. Me ofreció desde café hasta Mimosa, y me comentó que era muy importante para él saber que yo me sentía cómoda y bien. ¡Qué amable ese señor! Demasíado para mi gusto. SIgo.
De pronto, aparece una versión rubia de Olivia la de Popeye. Altísima y flaquísima, quién entra con una de las organizadoras del evento. El dialogo aquí, fluyó más o menos así:
-Maiskell, te presento a la novia de Danny De Vito.
-Hola, encantada, Maiskell Sánchez.
Ella, estira la mano, voltea la cara hacía quien nos presenta, y dice:
-novia, no. Fiancée. 
 Educada la niña. Preocupada más por decirme su status que como se llama. Fin de la presentación. Su nombre: Olivia, ¡para que más!
De tanto en tanto, Danny de Vito me da una vuelta para ofrecerme café, jugo, agua o lo que necesite. Siempre le contesto que no, con una sonrisa sacada de una caja puesto que interrumpía en los momentos más importantes de mi escritura, pero él, como que ni cuenta se da.
Al rato de estar allí sentada y con dos de mis discursos listos, me levanto para estirar las piernas y darme un aire para pensar en el tercero. Por supuesto llega un café, un croissant, jugo y Danny de Vito, para conversar un rato y preguntarme por mi escritura, dónde estudié para escribir, qué cosas me interesan al momento de escribir y cantidad de preguntas. Yo tengo unas ganas de contestarle que escribo las cartas de amor de los novios de mis amigas y mi diario, pero como él está encantado preguntando y respondiendo a la vez, pues me engullo mi pastelito y mi jugo sin necesidad de contestar.
Fue hasta el momento en el cual me regreso a la mesa donde escribo, que Danny de Vito me dice:
-¿Estás casada? porque eres linda. 

Mis ojos de por sí expresivos, se abrieron cual par de metras y sólo pude contestar gracias, sin saber que lo que venía era peor.
-Ya sé lo que te haría super bien-
-¿Qué será?
-Te hace falta... algo para que triunfes completamente. 

Su intención sonaba tímida pero su voz delataba lo contrario.
-¿Qué será lo que me falta?
-Nunca has tenido a nadie que sepa como vestirte y destacar tus atributos.
Me dio un ataque de risa. No pude contenerme. Siempre he pensado que me hacen falta muchas cosas para ser mejor persona, pero jamás se me ocurrió pensar que lo único que necesitaba en la vida para triunfar, ¡era un diseñador!
 


jueves, 25 de noviembre de 2010

Regresión

- ¿Dime qué ves?

- Tengo 5 años, soy la niña de Papá. Me lleva a mi primer día de colegio. Me dice muchas cosas y me pide que me porte bien, que haga caso, que aprenda mucho, y que si me porto bien, todo el mundo me va a querer.

- ¿Pasa algo más? ¿Algo especial?

- No, realmente tengo una vida feliz. Soy una niña feliz.

- Vamos a ir más adelante en tu vida. Un momento importante. Deja que te lleve tu memoria...

- Tengo 15 años. Me van a celebrar mis 15 años, estoy emocionada. Ya tengo listo mi vestido. Me lo estoy midiendo y doy vueltas y vueltas para ver como se ve la falda que es amplia, como de princesa. Tengo una cuadrilla. Vamos a bailar el vals. Va a ir Ernesto. 

- ¿Quién es Ernesto?
- Ernesto es el muchacho de 5to año que me gusta. Lo invité. Yo creo que le gusto, aunque sale con Adriana o lo veo con ella, no lo sé en verdad, pero él siempre me brinda cotufas acarameladas que venden en la cantina, le debo gustar algo, ¿no? 
- Ya estas en tus quince años. Dime, ¿cómo es tu fiesta? ¿qué pasa en ella? 
- Mis papas están contentos. Vinieron todos sus amigos y dicen que estoy muy bella. Mi papá me regaló un ramo de flores gigante, y me dijo que era para que cuando un hombre me sorprendiera con flores no me impresionara tanto. Yo estoy contenta, pero... estoy triste. Ernesto ha sacado a bailar a mi prima Lisa toda la noche. Cuando me ve, me sonríe y me pica el ojo, pero él sigue baila que te baila con Lisa.
- Ernesto es el muchacho que te gusta ¿te ha dicho alguna vez que está interesado en tí?
- Bueno, decirme, como decirme... no, pero yo sé que le gusto y que él es un príncipe, tiene los ojos bellos, juega futbol para la selección del colegio, que de seguro besa bien... ¡qué pena! ¿no? 
- ¿Y qué crees que pasa, que él no te dice nada?
- Es que estoy en mis 15 años, y como están mis padres y eso, le debe dar  como pena, seguro que está cerquita de Lisa para poder sentirse cerca de mi. ¡Me va a sacar a bailar! ¡qué emoción! ¡Ay, Dios mío que nervios!. La pista es toda para nosotros, me dá pánico meter la pata.
- ¿Ya estás bailando con él?
- Sí.
- ¿Hace alguna otra cosa?
- ¿Leonardo?
- ¿Quién es Leonardo?
- Fue un novio que tuve a los veintidós.
- ¿Qué otra cosa pasó en la fiesta?
- Nada.
- ¿Nada?
- Nada de lo que yo esperaba.
- ¿Qué te quedó de ese episodio de tu vida?
- Que era mi día y lo hice de otro. 
- Háblame de Leonardo.
- Leonardo fue mi primer novio, mi primer amor. ¡Qué impresión! tiene los mismos ojos que Ernesto. Yo creía que iba a ser el único. Escribía mi nombre con su apellido en todas mis libretas. Con Leonardo aprendí a jugar golf. De verdad pensaba que era un juego de viejos aburridos con barrigas cerveceras, pero descubrí que me gustaba el golf.
- ¿Sigues jugando golf?
- Me gusta mucho, pero la verdad, no. Es que no tengo tiempo y no tengo acción en ningún club de golf. Pero tengo todo; los palos, el pañito, una caja bellísima de cuero con los tee, los zapatos, el sombrero, todo.
- ¿Qué pasó con Leonardo?
- Con él me divertía mucho, era como muy enérgico. Siempre quería salir, siempre había un plan. Tenía muchos amigos. Las amigas decían que él era lo máximo, que era como una amiga más. La verdad es que salía conmigo y con una que otra de sus “amigas” pero eso lo supe casi al final, cuando me dejaba en mi casa y se iba "y que" a dormir, y seguía la parranda, pero yo era incapaz de sospechar, puesto que yo era una niña bien, cumplía con todo como decía el librito, pues. Después de mucho tiempo, supe que la relación física con él no era tan buena, en aquel momento no lo sabía, pero después sí y aprendí que es mejor tener una frustración sexual por un rato, que un corazón roto por muchos años.
- ¿Cuánto tiempo duró la relación?
- Cuatro años, pero la verdad es que hay dos fechas en las cuales las cosas se acaban: cuando te dejan de querer y cuando una se entera. En el intermedio una lo que hace ¡es un papelón!

- ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
- Que uno quiere un amor, una amiga, una carrera, una casa, un perro, una vida y eso no es así. Aprendí que no hay un libro con un sólo capítulo.
- ¿Qué vino después?
- Me vienen a la mente varias imágenes. Como retazos de capítulos de mi vida.
- Háblame de eso.
- Es un recorrido por varias personas. Hombres con los cuales salí. Bueno tampoco es una colección larga, pero la imagen es como un desfile: Infieles, falsos, solitarios, depresivos, algunos que ni me gustaban de verdad. Yo me veo y lo que recuerdo es una ensalada de actividades: buceo con Gerardo, bicicleta con Humberto, pesca con Marcos, los cuentos aburridísimos con Alonso, películas malas con Fernando, y un closet lleno de cuanta cosa es posible acumular: chapaletas, arpones, bicicletas, películas malas, palos de golf, sin saber realmente que era lo que más me gustaba hacer. Es cansón esto. 
Por cada actividad que hacía con ellos, así mismo imaginaba mi vida, los niñitos que tendríamos estarían ¡buceando, o pescando, o en bicicleta! 
- ¿Pasó algo especial con alguno de ellos?
- Bueno, yo estaba con la mano estirada y el dedo listo para el anillo, pero nada que llegaba. Mis amigas se iban casando y yo nada. Así que me puse a lo que yo llamé “evaluar curriculum” Claro que me ofrecieron matrimonio varios de ellos, pero eran los que yo creía los peores, eran como muy buenecitos o mejor dicho; los aburridos. Yo quería al tipo más guapo, al más sociable, al más competente, al más sobresaliente en todo. Yo quería a un príncipe azul, pero los hombres tienen la piel color piel y la sangre roja. No hay nada azul. Hasta que llegó Vicente. Ese era el perfecto. Alto, guapo, con una sonrisa de pepsodent, deportista y además exitosísimo. Me casé. ¡Claro que me casé! No sabe lo que fue mi boda, no faltó nada. ¡Ni la cinta del misal que mandé a traer de afuera! ¡Había llegado el hombre que iba con el vestido de mi vida! Fue espectacular la fiesta: Cuarteto de cuerdas en la iglesia del colegio Belén, coro de la camerata barroca, salón de fiesta, centro de mesa, velas, comida, orquesta, ¡ah! y un estupendo cotillón para la hora loca. Qué apropiado el nombre, ¿no?
Preparé la fiesta por casi un año. ¡Esa si la preparé yo completica! Claro, mi mamá y mi suegra me ayudaron mucho y me dejaron treinta invitaciones para mis amigos, de resto, ellos tenían que cumplir con su gente de toda la vida.
- ¿Cuánto duró tu matrimonio o sigues casada?
- Duró 10 años, dos niñitos y un infierno. De ese matrimonio yo terminé así como cuando una mete a lavar la ropa blanca con la ropa de color. Veía las fotos de la boda, y allí estaban esas dos personas extrañísimas, que no me fue posible reconocer.
- ¿Ves alguna otra imagen?
- Veo una vida, doctor, veo todo ese período de mi vida como una película en blanco y negro.
- ¿Qué significa el blanco y negro?
- Me fui para adentro un día que ya divorciada y frente al espejo me preparaba para una cita, estaba preocupada por si yo le iba a gustar  al hombre con el cual iba a salir y de la nada y con el peso de un edificio, me cayó una locha: ¿me irá a gustar a mi? Y de inmediato me desmaquillé y me puse la pijama.
- ¿Qué pasó allí? 
- ¿Allí? Allí pasó que boté todas las películas de príncipes y princesas, no sin antes darme cuenta que todas ellas terminan el día que se casan. Nadie hizo la película cuando Cenicienta tuvo dos muchachitos y engordo veinte kilos.
Allí llegó el color. Llegó lo que yo llamo “el día del quiéreme yo” pero no crea que es así facilito y ya todo arreglado, ¡nada que ver!
Ese día saqué mi cuadernito para la vida y empecé a hacer listas y listas, de todas las cosas que me gustan a mi: comidas, deportes, películas, amigos, trabajo, ¡hombres! me dediqué a buscar mi pasión, mi vida, a escudriñarme como a quien le sacan los piojos de la cabeza.
Aprendí que en materia de hombres los hay buenos, los hay malos y los hay gente. Pero que tengo que ser buena yo, bonita yo, gente yo.
- ¿Ves alguna otra imagen?
- Si, doctor, me veo yo. Me veo a mí. Tranquila, sin sentir que voy a presentar un examen. Sin estar buscando un hombre como cuando voy a una tienda a escoger ropa. Que lo que tengo que aprender a escoger tiene que ver conmigo, con lo que quiero, con cómo lo quiero, y con qué estoy dispuesta a vivir. 
- ¿Hay alguien en este momento que está contigo?
- En este momento... sí, como no, estoy conmigo.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡No aprendí estas lecciones!

Hay días lluviosos.
Días confusos.
Y días totalmente iluminados.
Esta guía me la pelé por completo, ¡cuántos problemas me hubiese evitado!

Cuidado con lo que va a ver. Es publicidad es de la peor calaña.












sábado, 13 de noviembre de 2010

Cabaret o de cómo me convertí en Ana María Simón en el intermedio

Fui a ver la obra Cabaret.
Nada está fuera de sitio.
El escenario es precioso, la iluminación impecable, la orquesta estupenda con el talentoso Euro Zambrano en la batería, con las voces inigualables de Pimpi Santistevan y Ana Valencia, ¡un montaje de primera!
Compré mi asiento, en las mesas de Kit Kat Club, que estaban a pata de mingo del escenario. Mi mesa fue la 14 (uno de mis números de suerte). Me puse cómoda y comenzó el espectáculo.
Maravillada, me doy cuenta del tiempo que tenía sin ir al Teatro Teresa Carreño, o mejor dicho, de sentir lo que siento cada vez que en esa sala me he disfrutado alguna obra, musical o concierto.

Viene el intermedio y me encuentro a Mirtha Pérez quien también estaba en las mesitas, y a quien había conocido dos semanas atrás por haber ido a su obra "La Segundísima" y haberla pasado tan bien, que nos quedamos después de su obra y cantamos con ella en el escenario.
Mirtha, generosa y buena onda, la saludo y le digo que soy la que fue hace dos semanas y me contesta, "pero, claro que sé quien eres, la alumna de Mónica, vamos a buscar un café rapidito al cafetín".

Con nosotras va una señora, que yo no había visto nunca. Se llama Silvia. Ella me dice de pronto, pero tú si estás linda y sofisticada. Te queda bello ese pelo así. Gracias -le contesto- me doy cuenta que ella está equivocada, más no la corrijo. Llegamos al cafetin, nos sirven el café y conversamos un poco. La señora habla de los dones artísticos de Luis Fernández y dice: -Bueno Mirtha, tu tienes el don de la voz, que la tienes igualita y cantas como los dioses -y sigue- yo, bueno, el teatro es mi vida y allí he hecho casi todo, claro un poquito retirada por el cancer que me dio, pero hay que seguir. De pronto se voltea a mirarme y me dice: -y tú, Ana María, tú tienes el prodigio de tu voz y cada día estás más bella!

Yo no tenía corazón para aclararle que no era yo, así que por un intermedio, fui Ana María Simón, por supuesto, sin el pollo Brito.

jueves, 11 de noviembre de 2010

!De vuelta a mi blog!

La última fecha cuando escribí en el blog fue el 11 de Mayo.
Muchas son las razones por las cuales no escribí más. Una de ellas fue un comentario sobre el título de mi blog. Que si se llamaba así, debía escribir sobre tallas de sostenes, parejas extravagantes y esas cosas. Pasé un buen rato con el pensamiento que de pronto si debía cambiar el nombre de mi blog. Hice una lista de posibles nuevos nombres. Luego, me puse a pensar si debía contar mis andanzas a raíz de unas lolas grandes, y de allí desprender el tema de las mujeres, de las relaciones de pareja, de lo difícil que es comprar un traje de baño que me sirva, de la franela que quiero tener con la frase "Mi cabeza queda arriba", de la vez que un señor de la "sociedad" caraqueña me hizo el análisis que ningún psiquiatra pueda hacer jamás: niña, tú problema es que necesitas que alguién te vista y muestre tus "encantos" como es debido, de la tragedia que significa entrar en el probador con 20 modelos de bras y decirle a la muchacha que me atiende: "no me queda ninguno", y así seguiría la lista.
!Claro que quiero contar esas historias!, pero no estoy muy segura que para contar otras que yo quiera (hablar sobre un libro, o un viaje por ejemplo) deba cambiarle el nombre a mi blog. La revista El Malpensante, no trata de un tipo que piensa mal, o de temas sobre personas malpensadas o ¿será que no entendí que ese título quiere decir que para que uno no piense mal debe leerla? !Vaya usted a saber!
Sigo con mi nombre, lo más rico es que !sigo con mi blog!