martes, 20 de noviembre de 2012

Me tiraste la hembra pal´piso

Compro el título que más llama mi atención. Hay dos novelas y solo puedo llevarme una. Opto por esa. La frase, no la había escuchado nunca, pero es que no existe el diccionario malandro que bien pueden vender los buhoneros de la autopista. Larus pa´l malandreo (no se puede escribir bien la palabra Larousse, en este caso, es un atropello)
Comienzo a leer a las tres de la tarde. Cena a las 8. Pausa. Sigo. Termino de leer a las doce. Me fumo un cigarro y me dispongo a escribir algo en twitter. Escribo y borro. Vuelvo a escribir y vuelvo a borrar. No hay nada que escriba que me quede bien. No escribo el pinche tweet. No sé ni qué quiero decir. Prendo la tele y lo único que me digo es: Maiskell, tu si tienes agallas ¿cómo vas a leer de delitos en estos tiempos? ¿No te basta la prensa?
Cierro la puerta. Me aseguro de que todo esté trancado. Quiero dormir. No puedo. Me quedo pensando en la llamada del secuestrador desde la entrada de los teques, o de la Plaza Venezuela. La salida por detrás de la "guarida" donde llevan a los secuestrados, tiene una moto lista para el escape. O en el sofisticado sobresuelo donde se esconde el lider de la banda, o en el detalle de que compran ropa para que los secuestrados puedan cambiarse. ¿Será verdad? No quiero saberlo.
La rebeldía de la Miss, me hace recordar a Eva, la Miss menos Miss que he conocido en mi vida.

Amanece. No pienso más en el libro. Salgo a hacer mis diligencias. Una cola me recuerda que no debo hablar por celular. Quiero salir de la cola. Escondo el celular. La moto me roza el retrovisor, el tipo se voltea a verme y a insultarme, cosa que los motorizados logran en un solo movimiento. Salgo de la cola. Recuerdo el adagio de mi abuelo "más vale camino real que vereda¨ Voy a casa. Huyo a casa. Voy pendiente. ¿Me siguen? ¿Abro la reja? Ahora es el momento. Llego, estaciono y digo gracias Dios, todo al mismo tiempo.

Y entiendo. finalmente entiendo.

Me quedo perpleja como la vez que subí a un castillo y vi todos esos cañones que alguna vez dispararon en el 1527 y yo estaba parada ahí, muchos años después, con una taza de café del más rico sabor, escuchando las palabras de un guía que contaba los horrores de esa invasión. Algo que pasó antes de mi. Algo que suena muy lejos de mi propia historia.
El horror de un país se cuenta después.
Como cuando uno lee "El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas" de Alberto Salcedo Ramos, eso pasó. Fue real, pero pasó.

Con el libro de María Isoliett Iglesias "Me tiraste la hembra pa´l piso" hay una diferencia. No puedo conjugar en pasado. Es una historia que pasa. Que está ahí. Que leo y escucho cada día de boca de los protagonistas, de la mano del periodista y de las oraciones de mi mamá que nos bendice a cada rato o de mi papá que me mete a un montón de santos en el carro para que me cuiden de tanta delincuencia suelta.

Eso fue lo que pasó. Que no pasó el tiempo, sino que el delito fue ayer, es hoy, mañana y todavía no he tenido tiempo para darme cuenta de toda su dimensión y ella me lo puso de frente.